El silencio en la cabaña "L’Abîme" ya no era opresivo, sino vibrante, cargado de una electricidad que amenazaba con incendiar las paredes de hormigón. Afuera, la tormenta de nieve había estallado finalmente, envolviendo los Pirineos en un sudario blanco que borraba el mundo exterior, pero dentro, el tiempo se había detenido en el preciso instante en que la mentira de Constantine se desmoronó.
Alessandro y Bianca se encontraban en la pequeña habitación del fondo, iluminada solo por el resplandor