El barrio de Scampia, en las afueras de Nápoles, no era un lugar para los vivos, sino un purgatorio de hormigón y desesperación. Las "Vele", esos edificios triangulares que alguna vez fueron promesas de modernidad, ahora se alzaban como esqueletos de un pasado fallido, cubiertos de grafitis, basura y el eco de crímenes olvidados. Allí, donde la ley de la policía no entraba y la ley de la mafia solo buscaba carne de cañón, se escondía Giuseppe Moretti.
Bianca bajó del coche blindado con una eleg