Mundo ficciónIniciar sesiónSu beso impetuoso acalló cualquier pregunta, pero los ruidos de su estómago me hicieron reír.
—Cocinemos, mi señor, que nos llevará un rato y temo que te me desvanezcas de hambre.
—Tenemos un problema. Si sigo descalzo, pescaré un resfriado. Y créeme que no quieres cuidar a un lobo resfriado.
—En el segundo arcón hay botitas de vellón para ti. Tráelas y yo te las pondré.







