Mundo de ficçãoIniciar sessãoLas lágrimas de rabia, de impotencia, de espanto, desbordaron mis ojos antes que terminara de hablar. Los cerré con los dientes apretados, obligándome a seguir respirando hondo, al menos hasta que superara el ardor en el estómago y los escalofríos que me estremecían de pies a cabeza.
Oí que la reina se revolvía en su silla. Lo último que esperaba era que me tomara una mano entre las suyas y me acariciara la mejilla con ternura.
—Tienes razón —susurró conmovida—. Ya lo creo que







