Josselyn contuvo la respiración.
El pasillo se sentía demasiado estrecho, demasiado lleno por la presencia de los dos hombres frente a ella. Howarth estaba de pie con total relajación, como si el mundo entero fuera un escenario creado para su entretenimiento. Darius, en cambio, rígido, en silencio, como alguien que se contenía para no desmoronarse.
Josselyn miró a Howarth, su mandíbula tensándose ligeramente.
«Señor, ¿no le parece de mala educación?»
Solo lo pensó. Pero su mirada fue lo suficie