—Ugh…
Josselyn seguía frotándose la cabeza, justo donde el libro había caído antes de abrirse en el suelo.
Se inclinó y lo recogió.
En cuanto sus dedos tocaron la cubierta, su ceño se frunció.
El libro era delgado. Pero su tapa era rígida, bastante dura, hecha de madera. Josselyn lo giró, dándose cuenta por fin de dónde provenía el dolor.
En los extremos y en el centro de la cubierta había incrustaciones de metal. Era evidente que dolería mucho si golpeaba la cabeza.
—Menos mal no me abrió la p