—¿Dónde estabas anoche, Darius… para que alguien pudiera entrar en mi habitación sin permiso?
El aire en el pasillo cambió. Solo estaban ellos tres, pero se sentía denso, estrecho.
—Darius.
La voz fue plana. Ni alta ni fuerte, pero suficiente para tensar la columna.
Josselyn se detuvo. Lentamente, giró la cabeza.
Killian ya estaba allí.
Nadie sabía desde cuándo. No hubo pasos. Como si siempre hubiera debido estar allí.
Su mirada se clavó directamente en Darius.
—¿No puedes explicarlo?
La pregun