Capítulo 2: Límites de cristal

 

El aroma a café cargado y la luz matutina que se filtraba por los ventanales de la sala de juntas no lograban disipar la tensión que asfixiaba a Alissa. Era el primer día de trabajo conjunto en el proyecto de remodelación, y Kyler ya se había convertido en una distracción peligrosa.

Durante las dos primeras horas de la reunión con los ingenieros, Alissa intentó con todas sus fuerzas concentrarse en los presupuestos y los diagramas de flujo. Sin embargo, la presencia de Kyler en el extremo opuesto de la mesa era magnética. Él no vestía como los demás; llevaba una camisa oscura con las mangas arremangadas hasta los antebrazos, revelando unos brazos fuertes y veteados de venas que manejaban los planos con una soltura casi insultante. Cada vez que Alissa explicaba un concepto, sentía la mirada felina y verde de Kyler fija en ella, detallando el movimiento de sus labios, la curva de su cuello, desafiándola en silencio.

Cuando la sesión finalmente terminó y los ingenieros abandonaron la sala murmurando despedidas, Alissa soltó un suspiro contenido y comenzó a recoger sus carpetas a toda prisa. Quería huir de esa habitación. Quería alejarse de él.

—Su propuesta para la distribución del ala norte es brillante, señora Vance —la voz ronca de Kyler rompió el silencio, resonando demasiado cerca.

Alissa levantó la mirada y descubrió que él ya no estaba al otro lado de la mesa. Kyler se había movido con la agilidad silenciosa de un depredador y ahora se encontraba a escasos centímetros de ella. Su imponente altura la obligó a inclinar la cabeza hacia atrás.

—Gracias, Kyler. Es solo mi trabajo —respondió ella, adoptando una voz ejecutiva y cortante mientras daba un paso atrás para recuperar su espacio personal—. Si me disculpa, tengo otra reunión en...

—¿Por qué tanta prisa? —la interrumpió él, dando un paso al frente, anulando la distancia que ella había creado.

Antes de que Alissa pudiera reaccionar, Kyler se inclinó hacia adelante. El calor que emanaba de su cuerpo la envolvió por completo, atrapándola entre el borde de la mesa de caoba y su anatomía. Fue un acercamiento descarado, íntimo, que violaba cualquier norma de etiqueta corporativa. Alissa se quedó paralizada, con el corazón golpeándole el pecho con violencia, mareada por la mezcla de su perfume costoso y el aroma natural de su piel.

Kyler ladeó la cabeza, acercando sus labios a la oreja de Alissa. Su respiración cálida rozó el lóbulo de ella, enviando una descarga eléctrica que la hizo estremecer de pies a cabeza.

—Trabajar con usted va a ser el mayor de los placeres, Alissa... —susurró él al oído, arrastrando las palabras con una sensualidad prohibida—. Pero noto que está temblando. ¿Le asusto... o le provoco algo más?

El atrevimiento de sus palabras y la humillación de sentirse tan vulnerable y afectada por un completo desconocido encendieron una chispa de furia y pánico en el pecho de Alissa. Su cuerpo reaccionó por puro instinto de supervivencia antes de que su mente pudiera detenerlo.

¡ZAS!

El sonido de la bofetada resonó con eco en la enorme sala de juntas.

La fuerza del impacto obligó a Kyler a girar ligeramente la cabeza. Alissa respiraba con dificultad, con las mejillas encendidas por la adrenalina y la mano derecha extendida, temblorosa, sintiendo el hormigueo del golpe. Sus ojos castaños destellaban una furia contenida mientras intentaba desesperadamente ocultar los nervios que la estaban traicionando por dentro.

—No vuelva a tocarme. No vuelva a acercarse a mí, y mucho menos a hablarme de esa manera —sentenció Alissa, con la voz temblando por la rabia, apuntándolo con el dedo—. Soy la directora de esta firma y la esposa del hombre que financia su contrato. Mantenga su distancia profesional o lo haré despedir hoy mismo. ¿Le queda claro?

Alissa esperaba ver furia, resentimiento o al menos vergüenza en el rostro del hombre. Pero lo que obtuvo la dejó desconcertada.

Kyler regresó la mirada hacia ella lentamente. El lado izquierdo de su rostro mostraba una marca rojiza, pero en sus labios perfectos comenzó a dibujarse una sonrisa lenta, arrogante y asombrosamente atractiva. Sus ojos verdes brillaron con una mezcla de diversión y una fascinación salvaje que no pudo ocultar. Lejos de amedrentarse, el golpe parecía haber avivado el fuego en su interior.

Se llevó los dedos a la mejilla golpeada, acariciándola con suavidad mientras sostenía la mirada de Alissa, quien retrocedía un paso más, abrumada por la falta de remordimiento del consultor.

—Es usted muy linda cuando pone límites, señora Vance —dijo Kyler en un susurro divertido, enderezando su imponente postura sin dejar de sonreír—. Me gustan las mujeres difíciles. Hacen que el final del juego sea mucho más... gratificante.

Alissa tragó saliva, sintiendo que la tierra se abría bajo sus pies. El hombre no tenía miedo. No le importaba su estatus, ni su esposo, ni las amenazas. Detrás de esa sonrisa cínica, Kyler la estaba estudiando, disfrutando del caos que acababa de provocar en ella.

Sin decir una palabra más, Alissa tomó sus pertenencias con manos torpes y salió prácticamente corriendo de la sala de juntas, con los tacones resonando con fuerza en el pasillo. Mientras huía, sentía la marca invisible de la mirada de Kyler quemándole la espalda.

En su oficina, Daniel jugaba a las finanzas y a las apariencias, creyendo tener el control del mundo. En la sala de juntas, Kyler sonreía en las sombras, sabiendo que la impecable y pura Alissa Vance acababa de morder el anzuelo del deseo prohibido.

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