La ceremonia de renovación de votos fue sencilla, íntima y profundamente emotiva.
La prepararon para un domingo por la tarde, en el claro junto al río, bajo el flamboyán que daba sombra perfecta. No había invitados externos. Solo ellos dos, sus tres hijos y la señora que ayudaba en el albergue como testigo silenciosa.
Valeria llevaba un vestido blanco ligero de algodón, con flores silvestres en el cabello y los pies descalzos sobre la hierba suave. Mateo vestía una camisa blanca limpia con las