Nueve meses después del día en que renovaron sus votos, nació su tercer hijo.
Fue una niña.
La llamaron Luna.
El parto fue en el pequeño hospital de Jarabacoa, rodeados de montañas y del sonido de la lluvia que caía suave esa tarde. Valeria estaba exhausta pero feliz, con el cabello pegado a la frente por el sudor y una sonrisa que no se borraba de su rostro. Mateo no se separó de ella ni un segundo. Le sostenía la mano, le secaba la frente y le susurraba palabras de aliento con esa voz grave y