salón de conferencias del Hotel Jaragua estaba repleto.
Cámaras, periodistas, micrófonos y una tensión que se podía cortar con cuchillo. En el centro del escenario había una mesa con tres sillas. Alejandro ya estaba sentado en una de ellas, impecable con su traje gris claro, expresión dolida pero digna, como un actor que sabe exactamente cómo jugar su papel.
Valeria y Mateo entraron juntos de la mano.
Ella llevaba un vestido blanco sencillo, casi simbólico. Él vestía camisa negra y pantalones o