Los días siguientes en Jarabacoa fueron un intento de volver a la normalidad.
Valeria se levantaba temprano para ayudar en la cocina del albergue, preparando desayunos para los pocos huéspedes que llegaban. Mateo salía al huerto o a los senderos, reparando lo que se había dañado con las últimas lluvias. Por las tardes se encontraban en el porche, compartían un café y hablaban de planes pequeños: ampliar la zona de camping, plantar más árboles frutales, quizás construir una cabaña más grande par