Tres meses después
El sol de la tarde se filtraba entre los árboles de Jarabacoa, pintando el río de tonos dorados y verdes. El sonido del agua corriendo sobre las piedras era el único ruido que se escuchaba en el claro donde Valeria y Mateo habían extendido una manta.
Valeria estaba recostada contra el pecho de Mateo, con las piernas enredadas entre las suyas y una sonrisa tranquila en los labios. Llevaba un vestido ligero de algodón blanco y el cabello suelto, moviéndose con la brisa de la mo