Dos años después
El sol de la tarde se filtraba entre los árboles del Refugio Verde, tiñendo de oro el pequeño claro junto al río. El sonido del agua corriendo era constante, como una melodía tranquila que ya formaba parte de sus vidas.
Valeria caminaba descalza por la hierba, con una niña de casi dos años en brazos y una sonrisa que iluminaba todo a su alrededor. La pequeña Sofía (llamada así por la empleada que los había ayudado tanto en los primeros meses) tenía los ojos verdes de su padre y