Capítulo 80 —El vacío
El silencio que siguió al estallido fue absoluto, una atmósfera pesada cargada con el eco de los jadeos que aún no se disipaban en el aire viciado del gimnasio. El vapor del sudor se condensaba en el espejo, difuminando sus reflejos, convirtiéndolos en dos sombras manchadas por una realidad que ninguno era capaz de nombrar. Dante se quedó apoyado contra el cristal, con la respiración entrecortada, observando la espalda de Ivanka mientras ella, con manos que apenas obedecía