Capítulo 79 —La tregua del instinto
El beso terminó con una brusquedad que dejó a ambos tambaleándose. Ivanka se separó de él como si hubiera tocado un cable de alta tensión, con el pecho subiendo y bajando con una violencia que le dolía. El aire en el gimnasio, denso por el esfuerzo y la electricidad, parecía arder. Dante seguía allí, con las manos aún suspendidas en el aire, como si intentara agarrar un fantasma que se le acababa de escapar.
—¡Ivanka! —rugió Dante. Su voz no era un pedido, era