Capítulo 51 —La frontera del dolor
Dante estaba sentado a la mesa, con la impaciencia grabada en cada facción de su rostro. Llevaba días intentando acortar la distancia, pero Ivanka se había convertido en una fortaleza inexpugnable.
—Ya basta —dijo Dante, dejando caer los cubiertos sobre la mesa con un sonido seco—. Llevamos días así. Me esquivas, te tensas si te rozo y cada vez que intento acercarme, te alejas como si fuera a quemarte. Hablamos de esto, Ivanka. Acordamos que no había compromiso