Capítulo 41 —El cañon negro
La furia de Dante no se había enfriado para cuando las puertas del ascensor lo depositaron en el sector operativo del búnker. Llevaba la mandíbula tan apretada que le dolían los dientes y la mirada fija al frente, despidiendo un aura tan violenta que los guardias del pasillo dieron un paso atrás por puro instinto de supervivencia. El portazo que le había dado a Ivanka todavía le resonaba en la cabeza, mezclado con la rabia sorda de saber que ella tenía razón en dudar,