Annie bajó la mirada hacia su taza de café, sintiéndose de repente un poco pequeña bajo la intensa mirada de Ian. Suspiró y apretó las manos alrededor de la cerámica tibia.
—No lo creí realmente importante, Ian —respondió ella, encogiéndose de hombros levemente—. Solo es un dolor de cabeza, pensé que podría controlarlo sin molestar a nadie. Además, con todo lo que está pasando en la empresa, era un detalle menor.
Ian frunció el ceño de inmediato. Dejó su taza sobre la mesa con un golpe un poco