El silencio que siguió fue absoluto, roto solo por el pequeño jadeo ahogado del gerente. Brenda Winchester palideció y luego su rostro se tiñó de un rojo intenso por la humillación. Abrió la boca, pero no encontró palabras. Annie no solo había cuestionado su clase frente a sus amigas de sociedad, sino que le había restregado en la cara el fracaso del complot de Julián en la empresa. La había golpeado donde más le dolía, y lo había hecho sin perder la sonrisa ni alzar la voz.
Annie no le dio tie