La luz de la mañana se colaba a través de los inmensos ventanales del penthouse, golpeando el rostro de Annie con una crueldad silenciosa. Abrió los ojos despacio, sintiendo el cuerpo pesado y un ligero hormigueo en la piel que le trajo de golpe cada recuerdo de la madrugada.
Recordaba el calor ahora impregnado en su piel y como las manos del hombre habían recorrido su cuerpo, ni hablar de aquellos besos grabados a fuego en su cabeza y la urgencia salvaje del hombre por volverla suya. Sin emba