El trayecto en el auto estaba lleno de un silencio incómodo. Annie miraba por la ventanilla cómo los rascacielos de la ciudad iban quedando atrás, reemplazados por las arboledas exclusivas de las afueras, donde residía la verdadera élite. Ian iba al volante. Su postura era rígida, con la mandíbula tensa.
Annie giró el rostro hacia él, incapaz de contener las dudas que le taladraban la cabeza desde el incidente de la mañana. Se cruzó de brazos, escudriñando su perfil perfecto.
—Si se supone que