Selina no recordaba en qué momento se quedó dormida, solo sabía que el cansancio la dominaba, su cuerpo a duras penas le respondía, sus ojos comenzaron a caer lentamente.
Ella ya no estaba sentada junto a la cama, sino recostada sobre ella, con la cabeza apoyada en el borde del colchón y una mano todavía aferrada a la sábana, como si temiera que su madre desapareciera si la soltaba.
El cuarto estaba en silencio, Elara dormía, Lyra leía mientras descansaba en un sofá al otro lado de la habitac