Ares esperó el tiempo suficiente para que los jóvenes estuvieran lo suficientemente lejos y no hubiera posibilidades de que fueran señalados.
Su cuerpo permaneció quieto, mientras sostenía la runa rota en la mano, al tiempo que Leo se mantuvo a su lado, alerta, con la mandíbula apretada, escuchando el pasillo, debían estar seguros de que no hubiera nadie cerca.
Y cuando ambos estuvieron seguros de que había llegado el momento correcto, cuando el silencio se hizo tan espeso que cada gota de a