Capítulo 43 — El juego empezó

Ares esperó el tiempo suficiente para que los jóvenes estuvieran lo suficientemente lejos y no hubiera posibilidades de que fueran señalados.

Su cuerpo permaneció quieto, mientras sostenía la runa rota en la mano, al tiempo que Leo se mantuvo a su lado, alerta, con la mandíbula apretada, escuchando el pasillo, debían estar seguros de que no hubiera nadie cerca.

Y cuando ambos estuvieron seguros de que había llegado el momento correcto, cuando el silencio se hizo tan espeso que cada gota de a
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