Ares no podía dormir esa noche, el cuerpo de Selina descansaba a su lado, tibio, frágil, respirando con un ritmo irregular que él no dejaba de vigilar.
Cada vez que ella se movía, aunque fuera apenas un cambio de postura, el lobo dentro de él se tensaba, alerta, preparado para auxiliarla ante cualquier amenaza invisible.
Cuánto tiempo la había dejado sola, cada noche que él se iba hacia la manada para cumplir con su deber, sin darse cuenta de que ella estaba cambiando poco a poco, que se est