Capítulo 7 — La Condición

Una sensación incómoda hizo despertar a Lyra antes del amanecer, algo en su cuerpo no se sentía bien.

Ella abrió los ojos lentamente, mirando el techo de la carpa mientras una sensación extraña le recorría internamente, no era dolor, tampoco fiebre, era como si algo dentro de ella latiera con un ritmo distinto al de siempre.

Lyra se llevó una mano al pecho, sintió un latido, luego otro y otro, se sentía diferente, más fuerte de lo normal.

Frunció el ceño y se sentó sobre la colcha despacio.

—     Debe ser el cansancio… — Murmuró Lyra para sí misma, aunque ni ella misma lo creyó del todo.

Últimamente, Lyra sentía que algo dentro de ella, de su energía, de su poder, no fluía con normalidad, no lo controlaba como antes.

Se pasó una mano por el rostro, notando la piel algo más caliente de lo habitual, respiró hondo, se concentró en la idea de que se le pasaría, tenía que pasársele.

Ahora mismo, ella no podía permitirse debilidad, no ahora, no cuando la caravana tenía que seguir moviéndose para llegar a su siguiente parada, así que esperó, se concentró y luego de mucha concentración, todo pasó.

La siguiente manada a la que llegaron no se parecía a la anterior, no había hostilidad, ni burlas, todo lo contrario, los lobos mostraron interés hacia Lyra.

Roth caminaba a su lado, sereno, seguro, como si ese territorio le perteneciera y de alguna forma, como líder actual de las manadas, así era.

Cuando cruzaron la entrada natural de la manada, varios guerreros inclinaron la cabeza levemente hacia Roth con respeto real.

Lyra lo notó, mientras que a ella, solo la observaban.

—     No hablan demasiado… — Murmuró Lyra volteando hacia el rostro de cada lobo que se quedaba detallándola.

—     Te observan primero… — Respondió Roth sin mirarla. — Es mejor así.

El alfa de la manada apareció poco después, no era joven, pero tampoco muy viejo, su presencia era firme, estable, la de alguien que no necesitaba demostrar algo para ser escuchado.

—     Lyra… — Inició el alfa, inclinando ligeramente la cabeza hacia ella. — Te recuerdo bien de la última reunión de Alfas, en la que el Alfa Ares te presentó.

A diferencia del alfa de la manada anterior, la voz de este, no sonaba hostil, pero tampoco del todo amable.

—     Entonces sabrás por qué estoy aquí. — Lyra sostuvo su mirada.

—     Para reclamar un trono que aún no te pertenece. — El alfa asintió, directo, sin adornos.

—     No vengo para reclamar… — Lyra respondió con calma, había aprendido del alfa anterior. — Vengo a estabilizar lo que quedó roto cuando las manadas ignoraron las profecías y se separaron.

Un murmullo leve recorrió a los lobos presentes, no eran comentarios negativos, parecían más bien, interesados.

—     No dudamos de tu poder, ni de la profecía, si la Diosa Luna te ha escogido como la Alfa de las manadas, nosotros no somos nadie para negarlo… — El alfa sonrió levemente dando un paso más cerca.

Lyra sintió un pequeño alivio que duró solo un segundo.

—     Pero sí dudamos de tu estabilidad… — Continuó el alfa. — Escuchamos lo que ocurrió en la otra manada… un líder no puede ser inestable, no puede dudar, no puede ser alguien que no sepa controlar sus propios poderes y dones… No en tiempos como estos.

Ahí estaba el golpe real, había sido demasiado fácil al principio, demasiado bueno para ser verdad.

Hubo un momento de silencio y el alfa continuó.

—     Por eso, esta es mi propuesta… Te aceptaremos sin dudar, pero con una condición… — Añadió el alfa. — Roth… Has mantenido el orden en el sur cuando otros fallaron… Las manadas confían en ti.

Lyra inhaló profundo, sintiendo a Roth a su lado como una sombra inevitable.

Los murmullos crecieron, los lobos asentían emocionados, todos sonreían aprobando las palabras del alfa.

—     Si tú estás con ella… la seguiremos. — El alfa dio otro paso acercándose a Roth, quien se mantenía a un lado de Lyra.

La frase no sonaba como una sugerencia, sino como una ecuación.

Condiciones, más condiciones, siempre aparecían, Lyra sintió cómo algo dentro de su pecho se apretaba.

—     ¿Y si no lo está? — Intervino Lyra, sin alzar la voz. — ¿Qué pasará si el alfa Roth no está a mi lado?

—     Entonces no podemos garantizarte apoyo. — El alfa no dudó, fue claro, directo, sus palabras fueron imposibles de ignorar.

Lyra tragó grueso, su mirada se desvió levemente por una fracción de segundo, Leo estaba ahí, a unos pasos, escuchando todo, quieto, tenso, sus puños estaban cerrados, su mandíbula estaba rígida, pero no dijo nada.

Leo no pronunció ni una palabra a favor de Lyra, y eso le dolió a ella más de lo que esperaba, porque por un segundo, Lyra esperó que lo hiciera, que Leo se opusiera directamente ante tal desfachatez.

—     Esa… No es una decisión menor… — Respondió Lyra de forma muy diplomática, volviéndose hacia el alfa. — Ni algo que se tome bajo presión.

—     No es presión… — Respondió el alfa con calma. — Es la realidad… Si conoces nuestras estructuras y nuestras manadas, debes tener muy claro que un líder no gobierna solo… Cuando un alfa toma su lugar como líder de la manada, lo primero que se le exige, es que tome a su luna… Si quieres igualdad, si quieres que te tratemos como una alfa, entonces dime… ¿Por qué tú serías diferente?

Lyra inhaló lentamente, el alfa tenía razón, hasta cierto punto… ¿Por qué era una obligación escoger a Roth?

¿Permanecer junto a Roth? ¿Convertirse en su pareja? ¿Pasar el resto de su vida junto a él como condición para cumplir su papel destinado? Eso era algo que Lyra no se podía ni imaginar.

Su cuerpo comenzó a temblar muy ligeramente, ella siguió concentrándose en su respiración, no podía explotar, no podía perder el control, no aquí, no otra vez.

—     Entiendo, pero antes de tomar una decisión… — Soltó Lyra, finalmente. — Escucharé a todas las manadas y cuando tenga todo el panorama… Tomaré una decisión.

Hubo un pequeño cambio en el ambiente, bajó la tensión, los lobos la miraron con más interés, la escuchaban con más atención, Lyra no estaba dando un sí, pero tampoco un no.

Eso era lo único que ella podía decir en un momento como ese para sonar diplomática y no iniciar otro conflicto con otra manada

El alfa la observó un momento más y luego asintió.

—     Eso me suena sensato. — Respondió el alfa, aunque en su expresión se notaba que estaba insatisfecho.

El resto del día Lyra lo pasó en con una calma incómoda, el alfa la guiaba por toda la manada, le mostraba el lugar, la presentaba con los lobos, mientras que Roth iba a su lado, como si ya fuera su pareja.

Lyra apenas habló, atrás Leo la seguía, como su escolta, como un guardia más, sin decir una palabra, y eso se sentía cada vez más doloroso dentro de ella.

¿Por qué? ¿Qué había cambiado en Leo? ¿Acaso él ya no sentía lo mismo?

Cada vez que la mirada de Lyra y Leo se cruzaban, había algo distinto, una distancia marcada, como si él se estuviera frenando, como si acercarse fuera un error.

Lyra no lo entendía y eso la frustraba más de lo que quería admitir.

Mientras tanto, Liana se mantenía al margen, había escuchado todo, había presenciado la propuesta de alfa de unir a Lyra y a Roth y en ese momento sonrió.

Fue una curva mínima en los labios, no de felicidad, sino de compresión, porque no importaba que Roth hubiera sido su pareja destinada, igual, ella nunca hubiera tenido un lugar en esa ecuación.

Esa noche Lyra estaba acostada sobre una colcha, dentro de la pequeña cabaña de invitados que el alfa le había asignado en la manada, cuando una vez más, comenzó a sentirlo.

Calor, la presión en el pecho, los pálpitos fuertes.

Se sentó, se inclinó hacia adelante, apoyando los brazos en las rodillas, respiró profundo, inhalando, exhalando, pero está vez no funcionó, su cuerpo no respondía igual.

El pulso de Lyra se aceleró más, demasiado, ella se llevó una mano al pecho.

—     ¿Qué…?

El aire que respiraba comenzaba a sentirse más denso, su cabeza comenzó a doler, a nublarse y de pronto su mente recorrió mil pensamientos, pasado, presente y los posibles escenarios del futuro.

Era como si algo en su cabeza estuviera despertando, moviéndose, empujando.

Lyra cerró los ojos con fuerza, «no, no ahora, no aquí», sopesaba con el cuerpo temblando y solo una persona pasó por su mente.

—     Leo… — Llamó Lyra intentando levantarse.

Pero sus piernas fallaron y cayó de rodillas al tiempo que el calor en su cuerpo subía de golpe.

Esta vez tenía fiebre, pero no una normal, sino más profunda, más viva, sus ojos comenzaron a cerrarse al tiempo que un gemido bajo escapó de sus labios.

—     Leo… — Logró articular una vez más.

—     Lyra. — Se escuchó una voz que llegó desde la entrada de la cabaña.

Ella sintió un pálpito en su pecho, ¿Leo la pudo haber escuchado? ¿Sintió que ella lo necesitaba?

Lyra apenas pudo abrir los ojos levemente y lo vio, era Roth, él entró sin esperar respuesta y se detuvo en seco al verla.

—     ¿Qué está pasando?

Lyra intentó responder, pero no pudo, su respiración era irregular, su cuerpo seguía temblando cada vez con más fuerza.

Roth se acercó de inmediato, se agachó frente a ella, su mirada cambió, ya no era solo control, era atención real, de preocupación, él la tomó entre sus brazos levantándola para inclinarla hacia adelante.

—     Respira… — Ordenó Roth apretándola contra su pecho. — No luches contra ello.

—     No… puedo… — Apenas pudo balbucear Lyra.

Y por primera vez, Roth dudó, solo un segundo, pero fue suficiente para que la tensión aumentara.

Con una de sus manos tomó el rostro de ella, sintiéndolo caliente, acercando el rostro de él, mirándola a los ojos con convicción.

—     No… Claro que sí puedes… — Susurró Roth con determinación.

El cálido aliento de Roth, golpeó el rostro de Lyra y entonces se escuchó otra voz.

—     ¿Lyra?

Leo, había aparecido en la entrada y su mirada recorría la escena: Roth junto a ella, en un espacio cerrado.

 

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