Capítulo 8 — No te alejes

— Suéltala. — Gruñó Leo sin necesidad de gritar, pero con una fuerza cortante.

Roth no respondió de inmediato, ni se movió, Lyra seguía apoyada contra él, con su respiración irregular chocando contra su pecho y sus manos temblando mientras él la sostenía con firmeza.

Leo dio un paso más dentro de la cabaña, sus ojos no estaban en Roth, estaban en las manos de Roth sobre Lyra y en ese instante, cuando Roth vio que Leo se acercaba ya apretando los puños, Roth habló.

— Ella no está en condiciones de sostenerse sola… — Soltó Roth al fin, sin apartar la mirada de Lyra.

Fue un golpe limpio, Leo se detuvo en seco.

— ¿Qué? Solo me alejé por un momento para dar una ronda de vigilancia, yo la dejé bien…

— Yo la escuché llamarte y por suerte entré antes de que cayera, porque tú no estabas aquí cuando empezó… Felicidades, escolta. — terminó Roth con sarcasmo.

Eso fue muy directo, Leo lo sintió, la culpa, su descuido, pero no retrocedió.

— No necesitas sostenerla así. — Alegó Leo, sintiendo como se quemaba por dentro mientras que Roth sostenía a Lyra.

Ahora sí, Roth giró el rostro y lo miró de frente.

— Lo que Lyra necesita, es control… — Replicó Roth con firmeza. — Y alguien que sepa cómo ayudarla… Como Yo.

¿Cómo él? Leo recordó lo que sucedió esa misma tarde, cuando el alfa de la manada sugirió una unión entre Roth y Lyra, ¿Por qué? ¿Por qué tenía que ser él? ¿Por qué tenía que ser Roth?

Se contuvo un segundo, dos y no aguantó más, Leo avanzó hasta quedar del otro lado de Lyra, tan cerca que podía sentir su calor y su aroma más fuerte que antes, diferente, más profundo y peligroso.

— ¿Control? — Repitió Leo por lo bajo, levantando la mirada hacia Roth, directo, sin titubeos. — Tú solo sabes contener… Yo sé lo que la calma.

Y en ese momento, algo en la cabaña cambió, se sintió en el ambiente.

Lyra se movió, muy poco, muy lento, fue un intento débil.

— Leo… — Se escuchó como un suave suspiro saliendo de los labios de Lyra.

Y entonces, el cuerpo de Lyra reaccionó antes que sus palabras, ella se inclinó hacia Leo, como si lo buscara incluso sin fuerzas.

Y en ese instante, cuando su cuerpo se acercó aunque sea ligeramente hacia él, el temblor en el cuerpo de Lyra bajó, la respiración dejó de ser caótica y el aire dejó de vibrar.

Roth lo sintió, en sus manos, en su propio cuerpo, la forma en que ella dejaba de resistirse y en un segundo junto a Leo, todo se aplacó.

Eso fue todo lo que Roth necesitó para entenderlo y odiarlo.

Su abrazo sobre el cuerpo de Lyra se tensó por un momento, instintivo, inconsciente, ella se separaba de su pecho solo para acercarse al simple lobo Beta de Leo, eso lo consumió por dentro, pero fue suficiente para entenderlo.

Por el momento…

Así que, luego de un momento la soltó, no con brusquedad, pero tampoco con suavidad, no era fácil para él.

Leo la tomó con cuidado entre sus brazos, como si Lyra fuera algo que podía romperse o perderse y la sostuvo contra él, ajustando su peso sin forzarla.

Lyra se aferró débilmente a la ropa de Leo, su respiración era aún inestable, pero ella estaba mejor, mucho mejor.

Roth no se movió, se quedó ahí por un momento, mirando, memorizando, gruñendo por dentro, lleno de impotencia.

— Voy a buscar al alfa… — Soltó Roth finalmente, con su voz más fría de lo usual. — Esto no es normal.

Nadie respondió, pero Roth tampoco esperó respuesta, solo salió.

Y el aire dentro de la cabaña cambió cuando Roth se fue, se sintió menos presión.

— Ey… — Leo bajó la mirada hacia Lyra, su voz ya no era dura, era baja, suave, dulce, casi un susurro. — Respira conmigo.

Ella intentó hacerlo y al principio falló, pero lo intentó otra vez y esta vez, funcionó, inhaló, exhaló lento, con Leo guiándola.

— No te alejes… — Murmuró Lyra al tiempo que sus dedos se aferraron un poco más a él.

Leo se quedó inmóvil durante un segundo, sintiendo que perdía el aliento, mientras su corazón y su lobo saltaban al unísono.

Esa frase le pegó directo.

— Lyra…

— No te alejes… — Repitió Lyra, más bajo, aun con los ojos cerrados. — No lo vuelvas a hacer…

Ahí estaba lo que Leo necesita escuchar, ella no lo decía solo por el malestar o por la fiebre, ella lo decía porque lo sentía, era ella.

Él cerró los ojos un instante, respirando hondo.

— No es lo que deseo…

— Entonces… ¿Qué es lo que deseas? — Susurró Lyra, abriendo los ojos a fin, para verlo a la cara.

Hubo un momento de silencio, sus cuerpos pegados uno al otro, ambos sintiendo el calor del otro, la respiración, el pulso rápido corriendo.

Leo bajó la mirada, primero al rostro de Lyra, luego a su cuello, a la piel expuesta donde el pulso latía más fuerte de lo normal, demasiado fuerte, demasiado tentador.

— No sé qué te está pasando… — Intentó contestar Leo al fin. — Pero no me quiero arriesgar a empeorarlo.

— Leo… No eres tú quien me está haciendo esto… — Lyra frunció el ceño, débil.

Error, esa frase fue un error, Leo tragó grueso, porque las condiciones comenzaban a cambiar y eso era muy peligroso.

Leo lo sentía, su vínculo con Lyra se hacía cada vez más fuerte, más cercano, más inevitable, la pregunta era, ¿Ella podía sentir lo mismo o aún seguía sin sentir la conexión?

Quizás si él daba el siguiente paso, ella podría sentirlo, quizás eso era todo lo que Lyra necesitaba.

Leo se inclinó ligeramente, su nariz rozó el aire cerca del cuello de Lyra y el aroma lo golpeó como una tormenta, el olor a tierra, a naturaleza, el calor y algo más, algo que lo llamaba cada vez con mayor fuerza.

Leo cerró los ojos un segundo, sabiendo exactamente lo que significaba cruzar esa línea, sabía la promesa que le había hecho a Lyra y lo que perdería, sabía contra quién se estaba poniendo, contra los alfas, contra las manadas y contra Roth.

Pero aun así… no se detuvo.

— Lyra… — Susurró Leo al tiempo que sus dedos se tensaban sobre ella.

Pero él ya estaba demasiado cerca de ella, sus colmillos bajaron lentos y sin darse cuenta, ya rozaban apenas la piel de Lyra.

Fue un contacto mínimo, pero suficiente para encender algo, ella no se apartó, al contrario, su respiración se entrecortó y su piel se erizó.

Pero no por miedo, sino porque por un segundo, lo que hacían, pareció lo correcto.

Y entonces, la puerta de la cabaña se abrió de golpe.

— Lyra… — La llamaron, era la voz del alfa de la manada.

Y más atrás, Roth entró y se detuvo en seco.

Al igual que el alfa, Roth lo vio todo, la cercanía, la posición, el punto exacto donde los colmillos de Leo rozaban la piel de Lyra.

Algo oscuro cruzó por los ojos de Roth, no fue solo rabia, fue cálculo, porque en ese instante Roth entendió algo peor que una traición: Que Lyra no reaccionaba a él… como reaccionaba a Leo.

Y si no corregía eso de inmediato, iba a perder mucho más que el control de la situación.

Porque ese beta se estaba aprovechando de la situación, ese beta pensaba marcar a Lyra como su mate, como su pareja destinada, ese simple beta, pensaba robarle su destino a Roth.

Hubo un momento de silencio absoluto, denso, cortante.

Leo no se apartó ni un centímetro de Lyra, en lugar de retroceder, sus dedos se afirmaron un poco más en la espalda de ella, al tiempo que él levantaba la mirada y la clavaba en Roth, como un desafío puro, sin necesidad de palabras.

Roth no habló, no gritó, no reaccionó como se esperaba, solo observó por demasiado tiempo, tenso, con la mandíbula apretada, como si meditara la situación y su próximo paso.

Algo en su expresión había cambiado, porque no solo había entendido lo que estaba viendo, sino también lo que significaba para él.

En medio de toda esa escena, solo se escuchó el jadeo suave de Lyra, nadie habló, nadie se movió, pero en ese silencio, todo cambió.

Porque por primera vez, no era el poder de Lyra lo que estaba fuera de control… Era a quién ella respondía.

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