Esa misma tarde, llegó la invitación de dos alfas, los que habían presenciado el teatro de Daven esa mañana al acusar a los guardias.
Los alfas se acercaron a Lyra antes de partir, con una gran cordialidad de boca, pero una mirada con un aire despectivo que ella ya reconocía como la versión más peligrosa del rechazo.
— Nuestra manada lleva tiempo queriendo conocerte… — Dijo uno de los alfas, un hombre de hombros anchos y voz grave que había asentido con demasiado entusiasmo durante el castigo