El silencio tenso que siguió a las audaces preguntas de Nant se rompió abruptamente. Con un movimiento decidido, Yago extendió un brazo y encendió la lámpara de la mesita de noche, bañando la suite en una luz suave pero suficiente para disipar la penumbra. Luego, con una lentitud deliberada que hizo que el corazón de Nant latiera con fuerza, se volteó completamente hacia ella. Su rostro, antes una silueta en la oscuridad, ahora era claramente visible, y lo que Nant vio la desarmó. Una sonrisa j