Las palabras de Nant flotaron en el silencio de la suite en Veracruz, una ofrenda de comprensión y empatía que buscaba más allá de la impenetrable fachada de Yago. Ella había desnudado su propia percepción de su dolor, de la fría soledad que imaginaba había marcado su infancia. El aire en la habitación se tensó, cargado con la expectativa de su reacción.
Yago permaneció inmóvil por un instante, su espalda aún vuelta hacia ella. Nant contuvo la respiración, temiendo una respuesta que confirmara