La sala de juntas de CIRSA Matriz en Lomas de Angelópolis, Puebla, solía ser un espacio de acuerdos tácitos y lujos silenciosos. Hoy, en la mañana del viernes, estaba cargada de una tensión palpable. Las persianas estaban corridas, dejando la luz natural filtrarse apenas por los bordes. Sobre la pulcra mesa de caoba, solo reposaban vasos de agua, plumas y documentos con gráficos de pesadilla: números rojos, proyecciones fiscales devastadoras y copias de las notificaciones gubernamentales.
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