La junta de emergencia en la matriz de CIRSA, bajo la calma implacable de Theresia, continuó por horas. La atmósfera se mantuvo tensa, pero ahora con un propósito: la búsqueda de una solución. Ludwig, silenciado por la presencia de su exesposa, apenas intervenía, sus ojos vagando por la sala, su cuerpo inquieto en el asiento. Era un fantasma en su propia empresa, un hombre despojado de su autoridad por sus propios errores.
Theresia, con esa "delicadeza" que ordenaba obediencia, guiaba la conver