Nant, aún aturdida por el cambio radical de Theresia, quien había pasado de la ira descontrolada a la más dulce de las abuelas en un parpadeo, intentó recomponerse. Respondió a todas sus preguntas con la mayor naturalidad posible, sobre su llegada y su bienestar, pero se encontró en una encrucijada emocional, sin saber en qué tono dirigirse a Theresia. La matriarca la había desorientado por completo, dejándola sin una brújula emocional clara, fluctuando entre el respeto, el afecto y la cautela.