El umbral de la oficina de Yago se transformó en una línea divisoria, un portal entre la incertidumbre y la ineludible realidad. Yago se detuvo bruscamente, su cuerpo, que apenas unos segundos antes se había movido con la prisa de un proyectil, ahora parecía congelado en el espacio. El nudo en su estómago, que se había formado con la sola mención de una "urgencia" en CIRSA, se apretó con una intensidad inusitada al ver la figura de su madre, Theresia, sentada con una compostura impecable en su