La risa genuina y los empujones amistosos entre Yago y Joren se disiparon tan rápidamente como habían aparecido, cediendo el paso a la seriedad que la situación inminente exigía de ambos. Con un cambio de semblante notable, se sentaron en una mesa discreta en la cafetería del hotel, apartada del bullicio general, permitiéndoles una privacidad relativa para la conversación crucial que se avecinaba. Nant se sentó a un lado de Yago, observando la intrincada dinámica entre los dos hombres con una m