Yago y Nant salieron del departamento casi al mismo tiempo, sus pasos sincronizados a pesar de la urgencia palpable en él y la mezcla de emociones que ella llevaba consigo. La imagen de Yago, con esa sonrisa pícara y sus bromas sobre la “futura señora de la casa”, aún resonaba en la mente de Nant, como un eco cálido que contrastaba con la tensión que sentía por la reunión inminente.
Al llegar a la entrada, la lujosa camioneta ya estaba allí, reluciente bajo las luces de la ciudad. Carlos, el ch