La cocina, que apenas unos minutos antes parecía un bullicioso centro de actividad, se transformó rápidamente en un auténtico torbellino de miradas expectantes y preguntas dirigidas con precisión a Nant. Ella, aún asimilando la impresión de la cantidad de gente que allí trabajaba, se encontró de pronto en el centro de aquel engranaje perfectamente aceitado, como si la esperaran para tomar las riendas y dar órdenes. Pero su mente, acostumbrada a la sencillez y tranquilidad de su vida en Puebla,