El teléfono de Yago sonó exactamente cuarenta minutos después, rompiendo el silencio tenso que se había instalado en la terraza. Yago contestó de inmediato, poniendo el altavoz para que no hubiera secretos ni malentendidos, aunque Nant fingía concentrarse en su laptop.
—Habla —ordenó Yago.
La voz de la secretaria ejecutiva sonaba temblorosa, pero eficiente. —Ingeniero, ya tengo el reporte preliminar. La información de la tarea de la señorita Nant es correcta. Efectivamente, hay un movimiento in