Yago había terminado dentro de ella, vaciándose con fuerza, pero para sorpresa de ambos, su cuerpo se negaba a apagar el interruptor. Su miembro seguía duro, erguido y palpitante, alimentado por una mezcla de adrenalina, furia residual y la sumisión absoluta que Belém le estaba ofreciendo.
Belém, aunque exhausta, notó la virilidad de Yago que se negaba a descansar. Lejos de asustarse, una sonrisa de satisfacción cruzó su rostro. No le importaba el cansancio; si él quería más, ella le daría todo