Yago echó un vistazo rápido a su reloj de pulsera. La realidad volvió a imponerse sobre el deseo. Se vistió con movimientos rápidos y eficientes, ocultando las marcas de la pasión bajo la ropa.
—Me tengo que ir —mintió Yago, ajustándose el cinturón—. Tengo una junta urgente que no puedo posponer.
Belém, aún en un estado de éxtasis post-coital, asintió desde el sofá, envuelta en una sábana que había jalado de algún lado. —Vete con cuidado, amor.
Antes de salir, Yago se detuvo en el umbral, recup