La puerta del despacho se abrió y Ludwig salió a recibirlo. Para sorpresa de todos los presentes, especialmente de Viktor, Ludwig estaba sobrio. Sus ojos estaban claros, alertas, en pleno uso de sus cinco sentidos, algo inusual para la hora y para su fama reciente.
Ludwig abrió los brazos y soltó un saludo en ruso. —Zdorovo, muzhik! Kak dela?
Su pronunciación era terrible. Era un ruso vulgar, campirano, crudo; el tipo de lenguaje que usaría un granjero en la estepa profunda o un matón de tabern