Viktor Korályov permaneció inmóvil en el sillón de cuero, con las manos cruzadas sobre la empuñadura de plata de su bastón, procesando la negativa de Ludwig con la frialdad clínica de un gran maestro de ajedrez que acaba de ver cómo su oponente sacrifica una pieza mayor, no por error, sino por una necesidad estructural que cambia todo el tablero.
El silencio en el despacho presidencial de CIRSA se volvió denso, casi sólido. Solo se escuchaba el leve tintineo de los hielos chocando contra el cri