La pluma Montblanc (prestada por "Mónica") estaba en la mano de Belem Cabo, rozando el papel del contrato de confidencialidad. Sobre la mesa, el fajo de billetes de alta denominación, atado con una liga vulgar, descansaba junto al cenicero como una promesa obscena de libertad financiera. Todo estaba listo para sellar el pacto de traición. El aire entre las tres mujeres era denso, cargado de culpa y codicia.
Pero entonces, el ecosistema sonoro del Gran Café de la Parroquia se rompió violentament