El pesado clic metálico del seguro de la puerta resonó como un disparo final en la inmensidad de la sala de juntas. Viktor se había ido. Sergei e Igor se habían marchado. Alina Korályova de la Vega se quedó completamente sola en el epicentro del poder de KORALVEGA, rodeada por el silencio zumbante del aire acondicionado central y el aroma a cuero curado, madera de ébano y la tensión residual de una conversación que había cambiado el rumbo de su vida para siempre.
Alina permaneció sentada unos s