La puerta se cerró tras Viktor, y el sonido metálico del seguro, que antes la había encerrado con sus hermanos, ahora parecía encerrarla con sus propios demonios.
Alina se quedó inmóvil en la inmensa silla de cuero, con las manos aún cruzadas sobre su regazo, protegiendo ese "honor" que su padre acababa de auditar como si fuera una cuenta bancaria. El silencio del penthouse era absoluto, pero en su mente había un ruido ensordecedor.
Miró su reflejo distorsionado en la superficie pulida de la mes