El sonido metálico del seguro al cerrarse transformó la sala de juntas. El aire acondicionado parecía haber bajado diez grados de golpe. Ya no eran ejecutivos en una torre de Polanco; eran súbditos ante un zar decepcionado.
Viktor no se volvió a sentar. Caminó lentamente alrededor de la mesa, sus pasos resonando en el silencio sepulcral, hasta detenerse detrás de la silla de su primogénito.
—Sergei —pronunció su nombre con una calma venenosa.
Sergei, que rara vez mostraba miedo, mantuvo la vist