El descanso de cuarenta minutos entre clases era apenas suficiente para respirar, pero en la ruidosa cafetería de la universidad, Aline y Nant habían logrado acaparar una mesa lejos de la fila de las copias. Aline, quien debería haber estado repasando apuntes, había aprovechado el tiempo para hacer "llamadas importantes" y ahora miraba a su compañera con ojos brillantes, ignorando el sándwich envuelto en plástico sobre la mesa.
—Nant, te lo juro, mi fuente es sólida —susurró Aline, inclinándose