El sonido sordo y pesado de la puerta blindada al cerrarse cortó de tajo el bullicio de la costera, la música lejana de los clubes nocturnos y la humedad salada que se adhería a la piel en la noche tropical de Acapulco. Dentro de la SUV, el mundo cambió instantáneamente. El aire estaba fresco, purificado y silencioso, un microclima de seguridad absoluta diseñado para aislar a sus ocupantes de cualquier amenaza externa, ya fuera el calor del trópico o la mirada depredadora de una familia rival.