La camioneta blindada se detuvo con suavidad milimétrica sobre el concreto pulido del hangar privado en el Aeropuerto de Acapulco. Frente a ellos, el "Celestia 777" esperaba como un gigante dormido, con las luces de navegación parpadeando rítmicamente y la escalerilla principal desplegada e iluminada, invitándolos a regresar a la seguridad de Puebla.
El motor de la SUV se apagó, dejando momentáneamente un silencio reverencial en el interior de la cabina. Carlos, operando con una precisión coreo