La respiración de Javier se había regulado, volviéndose profunda y rítmica. Satisfecho por el acto y convencido de la lealtad y pasión de su esposa, tomó la caja de cigarros de la mesita de noche.
—Mi amor —murmuró, la voz pastosa por el sueño y la saciedad—, ¿me pasas uno?
Belém se incorporó en la cama. El acto había sido un éxito táctico, pero un fracaso total para su espíritu. Se sentó en el borde del colchón, sintiendo el pegajoso residuo del acto sobre su piel. Aceptó el cigarro con la p